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No a los pactos entre partidos políticos

Las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo han cambiado sustancialmente el panorama político español, en varias comunidades e infinidad de municipios se ha desplazado al PP del poder -ganador en muchos de estos lugares- mediante lo que algunos tildan de el pacto de los perdedores. En efecto, en líneas generales se ha producido un “todos contra el PP”, en algunos lugares se ha logrado una alianza entre tres o más partidos para quitar al PP de la alcaldía. Como era de esperar, desde el PP se ha criticado duramente este proceso, tanto es así que han presentado una propuesta -infame, lo adelanto- de reforma de la Ley Electoral; por el otro lado están los perdedores-ganadores, que simplemente mantienen la legalidad de sus pactos a la vez que practican un curioso, y perverso, juicio del resultado de las elecciones: da igual que el PP haya sido la lista más votada, si no ha obtenido más de la mitad de los votos significa que la mayoría no quiere a este partido gobernando. Olé.

los pactos entre las distintas fuerzas políticas representan un uso dictatorial del poder

Con la ley en la mano los pactos entre partidos son legales, no hay trampa alguna, pero, ¿es esto democrático? ¿Es esto lo que vota el ciudadano? Evidentemente no. Los pactos entre las distintas fuerzas políticas representan un uso dictatorial del poder, es un atentado a la democracia con una impunidad vergonzosa y peor aún, se llevan a cabo con la total benevolencia del ciudadano porque nos han enseñado a aceptarlo así, nos lo venden como un acto de diálogo, de unión, y lo seguimos comprando como idiotas.

sea para gobernar o para pactar, el voto del ciudadano no es un cheque en blanco

Tras el 24 de mayo hemos visto pactos de todo tipo, ¿quién ha dado el consentimiento a esos pactos? El ciudadano no, desde luego. Nos quejamos -y con razón- del uso que hace el Gobierno de turno de los votos que le han llevado al poder, por ejemplo el PP ganó las elecciones de 2011 con mayoría absoluta prometiendo, entre otras cosas, que bajaría los impuestos y crearía tres millones y medio de puestos de trabajo, más de uno recordará la campaña “No más IVA” cuando estaban en la oposición. Y fue, precisamente, la subida del IVA una de las primeras medidas que tomaron. Es más que probable que la inmensa mayoría de quienes votaron al PP, por no decir todos, pensaron “yo no voté al PP para esto”. ¿Pero acaso no es lo que ocurre cuando dos, tres o más partidos pactan para llegar al poder? ¿Acaso al votante de un partido se le pregunta si está de acuerdo con el posible pacto? No, ese partido está haciendo exactamente lo mismo que el PP con la subida del IVA: un uso dictatorial del poder que ha obtenido en las urnas. Sea para gobernar o para pactar, el voto del ciudadano no es un cheque en blanco.

Pactos políticos, ¿antes o después de las urnas?

Todo lo comentado hasta ahora hace referencia a los pactos postelectorales, el simpatizante de uno u otro partido verá, o no, con buenos ojos esos pactos pero todos estaremos de acuerdo en que son totalmente ajenos a la voluntad del votante, por tanto si democracia significa “el poder del pueblo” estamos en disposición de declararlos como “no democráticos”. Una vez hecho este particular análisis podríamos llegar a la siguiente conclusión: si los pactos se producen antes de las elecciones, el ciudadano estará consintiendo activamente tal pacto. Tiene lógica, y en todo caso sería más transparente y democrático que el teatrillo al que estamos acostumbrados. Pero también me posiciono en contra, lo que se gana por un lado se pierde por otro. Recordemos que en el sistema proporcional no se vota a personas, se vota a partidos, a ideologías. También se supone que se vota un programa, una serie de medidas que ese partido pondría en marcha y que, en su conjunto, el votante se identifica más que con las de otras formaciones. Por tanto, ¿qué sentido tiene la unión entre dos o más ideologías y programas distintos? ¿Qué está votando el ciudadano? Nada, en tal caso el ciudadano no estaría votando nada, estaría contribuyendo a engordar la cuota de poder a la que aspiran los pactantes, de nuevo se produciría una situación de nula representatividad del pueblo, y de nuevo podríamos declararlo como “no democrático”.

¿Puede haber política sin pactos políticos?

Para mí, el ejercicio de la política debería ser representativo del pueblo que ha votado y para ello, creo, uno de los sistemas que aseguran la representatividad es el sistema mayoritario, en España sufrimos el sistema proporcional, donde los partidos se representan a sí mismos y no a sus electores, si tuvieran el mínimo respeto hacia los mismos no consentirían pacto alguno. Cada partido debería representar unos ideales, y son estos ideales los que en las urnas obtendrán un determinado respaldo en forma de votos, de escaños, y son esos escaños los que deberían usar para defender sus ideales. Así de simple, así de democrático. Pongamos un ejemplo, la alcaldía de Madrid, la capital de España y considerada históricamente como el lugar donde se inician los cambios políticos que luego influirán al resto del estado. Estos fueron los resultados:

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quienes hablan en nombre de los votantes no son otra cosa que un pobre intento de dictador

Como todos sabréis, el PSOE pactó con AhoraMadrid para investir a Manuela Carmena como alcaldesa. No entraré en el estéril debate sobre qué han expresado los votantes en las urnas, aquello que comentaba al principio de esta entrada: ¿el 34’55% quiere que gobierne el PP o el 58’54 % (el resto) quiere un cambio? Más que algo absurdo, se trataría de apropiarse, tanto uno como otro, de la voluntad de los electores. Quienes hablan en nombre de los votantes no son otra cosa que un pobre intento de dictador.

es en el parlamento donde los partidos pueden unir sus fuerzas, no por mediación de un pacto, sino como consecuencia de representar y defender unos ideales

En mi opinión tendría que haber ocurrido algo tan elemental y respetable como trasladar exactamente el resultado de las elecciones al ayuntamiento, esto significa que debería estar gobernando el PP -algo que no me entusiasma lo más mínimo- en minoría, lo cual implicaría que todas sus propuestas tendrían que contar con la aprobación del resto de fuerzas, ¿no sería esto lo más democrático? ¿No sería esta la situación más próxima a la realidad que han dictado los votantes a través de las urnas? Es aquí, en el parlamento, en el lugar donde se debaten las medidas que afectarán al ciudadano, donde los partidos pueden unir sus fuerzas, pero no por mediación de un pacto, sino como la consecuencia de representar y defender unos ideales. Me gustaría explicar este concepto, ante una propuesta del partido que está gobernando puede surgir la oposición de dos partidos -o más-, esa oposición no debería ser el fruto de un pacto para votar en contra del alcalde, debería ser una mera casualidad como resultado de la defensa que estos partidos hacen de sus ideales. Esto es democracia, esto es representativo de los votantes.

En resumidas cuentas esta es mi personal visión de cómo debería funcionar nuestro sistema, es por ello que me opongo con la más firme de las firmezas a cualquier amasijo disparatado de partidos, o de las llamadas mareas o cualquier otro tipo de listas. Seamos serios, seamos críticos y exigentes con nuestro voto, no deberíamos acudir a las urnas para engrosar gratuitamente la cuota de poder de un grupo o para votar “en contra de”, tenemos que reclamar el derecho a saber qué estamos votando lo más concretamente posible. Nótese que me incluyo por mero respeto, porque personalmente no simpatizo con ningún partido y mucho menos con el sistema proporcional, escribo esto dirigiéndome a quienes son partícipes de este sistema, permitidme la osadía de opinar sobre algo que no cuenta con mi contribución.

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